Iba a escribir sobre la mortandad de truchas y escalos que se produjo los días 9 y 10 de Noviembre en el pantano de Fervenza, sobre el río Xallas, en donde la voracidad explotadora del empresario, del concesionario privado de un bien público como es el río, llevó al agotamiento del agua en un momento en que el recurso era escaso por la sequía persistente y en el que los peces ya atravesaban un período de crisis en dicho pantano.

Pero me pareció que coexistiendo ese delito con otros muchos más lesivos que contravienen elementales nociones en las que se sustenta el orden de este mundo de todos, y en donde impera la barbarie como sinónimo de desorden, de lo que está mal, de lo que es intolerable por más que todo se conjure para adormecer nuestra protesta y hasta nuestra voz, no tenía sentido gritar con desesperación por lo poco y callar en lo mucho, en lo tremendo.

Esos desalmados que manejan el tinglado de marionetas en que han convertido este mundo mueven los hilos para acallar la protesta con todo tipo de procedimientos, desde los más brutales hasta los más sutiles. Nos han quitado la voz a fuerza de debilitar la fuerza de las palabras, en un principio poderosas y motivadoras de acciones contundentes, hoy convertidas, aún con los vocablos más intensos, en un mero susurro adormecedor.

Los medios de comunicación, sicarios del poder de ellos, han tenido un papel protagonista en ese desvanecimiento del poder original de la palabra, casi tanto como los predicadores de ilusiones, taumaturgos de promesas volátiles, grandilocuentes y vacuos políticos elevados al mismo nivel de credibilidad, al cabo de varios años de retórica, que un entrenador de fútbol o una tonadillera de cualquier pelaje.

No serviría ni para mover el ánimo contar con detalle la masacre de las truchas, una más de las decenas de masacres similares desde que tengo memoria. Para que así fuera habría que ser trucha. Y efectivamente hay otras cosas en las que poner la atención más sangrantes y más próximas. No serviría de nada hablar de ellas tampoco, porque en medio de las toneladas de papeles que se generan como textos escritos por monos aporreando máquinas de escribir, nadie encontraría el sentido común ni para salir a la calle y vociferar: “¡Hijos de puta!”.

Es seguro que, a pesar que nadie lo haya dicho expresamente, está instalada en el ánimo de la generalidad de la gente la convicción de que los inmigrantes que llegan en las pateras y cayucos, y los menos afortunados aún, que quedaron en sus países de origen y los que salen y no llegan, no pertenecen al concepto “nosotros”. Y, ¿en qué se distinguen?. ¿Porqué no se nos parte el alma de dolor por cada caso?. ¡ Que va!, nos han convencido que la miserable dedicación del 0,7% del PIB solucionará el problema en sus países y nos quedamos tan anchos. Al fin y al cabo, parecen “otros”.

Los empresarios que acogen en sus empresas a los que consiguen sortear las barreras que nuestros “mecanismos de protección” les han interpuesto se aprovechan de ellos más todavía que de los indígenas. Y es que entre los empresarios, el caso general es que sean muy “suyos” y que no den puntada sin hilo. Suyos son los obreros, suya la empresa, suyas las concesiones que se les hacen…etc.

Ejemplo muy fehaciente de este empresariado tan celoso de lo “suyo” es Villar Mir (no me da la gana de poner lo de señor). Este tipo compró el complejo industrial que tenía Carburos Metálicos S.A. en Cee y Dumbría y con él los cuatro embalses de producción hidroeléctrica que fraccionan el río Xallas.

Concretamente los de Fervenza y Santa Uxía en los últimos 20 km del río. Desde Brandomil hasta Ëzaro, en donde desembocaba en el mar, en una cascada espectacular, el río Xallas pasó a ser propiedad de ese pájaro. Y empezó a hacer de las suyas. Suprimió la cascada totalmente al cerrar por completo el caudal en la presa de Santa Uxía y solo accedió a abrirla una vez por semana durante unas horas para estimular el turismo. Fraga Iribarne y él cocieron ese guiso.

Tuvo problemas con los vertidos de la fábrica de Cee a una playa en donde el marisco quedó contaminado, pero todo fue arreglado como suele suceder.

Y ahora nos sale con la candidez de que sus operarios se distrajeron al turbinar el agua de Fervenza hasta el agotamiento. No es verdad. Agotó deliberadamente el pantano para volcar el agua en el de abajo, de mucho mayor rendimiento energético, antes de que le prohibieran soltar más agua que el caudal ecológico, en vista del bajo nivel y de la pertinaz sequía. Así mató a varios miles de peces, para que el agua no se perdiera. Y es que cree que los peces son, por efecto de la concesión, “suyos”.

En otra concesión, la de la mina de Serrabal, jugó un pulso a la Administración, reclamando 900 millones de euros por el lucro cesante que se le produciría al pasar el AVE reduciendo un poco la superficie de la mina. Y eso a muy pocos años de que caduque el plazo de la concesión. Lo dicho, es muy “suyo”.

¿A que parece que este individuo no es de “los nuestros”?. Parece pertenecer a otra especie como los tipos de la guerra, como los genocidas, como los de ETA y como muchos otros a los que no hay palabras suficientemente precisas y nítidas para describirlos.

Francisco Gómez Vaamonde

Afiliado del Sindicato Único de Trabajadores «Solidaridad Obrera» de Pontevedra

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