Los medios de comunicación tienen por costumbre, dada su condición de empresas capitalistas y, por lo tanto, buscadoras del beneficio económico, la de asirse firmemente a lo que ellos llaman una noticia y no soltarla mientras sea de interés público, o sea, mientras garantice la venta de un mayor número de ejemplares de periódicos o aumente las audiencias televisivas o
radiofónicas.

La penúltima de ellas es la famosa frase ¿Por qué no te callas? espetada por el rey en plena frente de Chávez en una reunión de capitostes internacional. Con la intervención de los medios, la opinión pública se ha dividido en juancarlistas y en chavistas en este tema y nos han arrinconado a los que nos repugna el poder y los poderosos, cualesquiera que estos sean.

Pues bien, habrá que recordar a los medios y la población que el rey es un individuo que está en su puesto porque Franco así lo quiso y porque los partidos políticos parieron una constitución en unas cortes no constituyentes que lo refrendaba en el puesto tras un referéndum que consistía en o te tragas todo el paquete o no hay nada. Por lo tanto, tras la gracieta del rey asomando la gaita y riñendo a Chávez, no hay más que el cabreo de un tipo al que no le gustaba lo que el venezolano estaba diciendo y no otra cosa. El nefasto colmo de su espontánea campechanía (así la definen algunos tiralevitas mediáticos) fue cuando se marchó dejando con la palabra en la boca a Ortega, que sí la tenía en aquel momento.

Zetapé ha defendido a Aznar porque “es un español y a los españoles hay que defenderlos y además, España es una democracia”. Eso de que hay que defender a los españoles por el hecho de serlos sí que es rancio. Un pájaro que nos metió en una guerra, guerra que nos puso en el punto de mira de los islamistas fanáticos, que saludó alborozado el golpe de estado frustrado en Venezuela, que invadió el islote de Perejil como si fuera Iwo-Jima, que continuamente pone a parir a Chávez, a Fidel o a Evo ¿es merecedor de una defensa por el mero hecho de ser español o de haber sido presidente del gobierno cuando alguno de ellos le dé caña? En cuanto a la democracia española, presumir de un régimen en el que se coarta la libertad de expresión –véase la multa a los humoristas de El Jueves-, en el que no pueden estar representadas todas las ideas políticas, en el que el derecho a la huelga es una broma de mal gusto, etc., no es precisamente el argumento más convincente para dar lecciones de democracia a terceros.

¿Y qué decir de Chávez? ¿Se puede defender desde lo libertario a un golpista frustrado? No hay más que leer las publicaciones de los compañeros libertarios venezolanos para que nos demos cuenta de la catadura del personaje. Un caudillito que está construyendo una democracia unipersonal (ya sé que gana elecciones, pero a los que hemos leído La Ley del Número el ganar elecciones es, en ciertos temas, una cuestión menor), que sigue con la matraca de la conquista por los españoles (siempre viene bien echar la culpa a los de fuera, aunque sean más antepasados suyos y de sus colaboradores que de los españoles de hoy en día), que no prohibe cadenas informativas opositoras (pero no les renueva la licencia), que pone a caer de un burro a Bush y a las multinacionales norteamericanas (pero es su máximo socio comercial), etc., no es, precisamente, el mejor representante de las ideas de liberación que defendemos.

En definitiva, debemos tener claro que todos ellos forman parte del mismo sistema de opresión, que no importa el líder, caudillo, rey o títere de turno, que todos se ríen de nosotros y que todos ellos, en caso necesario, tornarán los insultos y enfados por alabanzas y cariñitos cuando les convenga. Así que, a Zapatero, al rey, a Ortega, a Chávez, a Aznar: ¿por qué no os calláis?

José del Río, afiliado al SOV de A Coruña.

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